13/05/2019

Cómo manejar la soja y el algodón que sufrió por los anegamientos

El sur y centro de Chaco y el norte de Santa Fe sufrieron intensas precipitaciones durante las últimas semanas que inundaron nuevos campos y agravaron los anegamientos en las zonas que seguían inundadas luego de las fuertes tormentas del verano.

Una estimación de Federación Agraria Argentina calcula que las pérdidas económicas que están provocando las inundaciones ascienden a $ 10.000 millones en Chaco y también son muy significativas en el norte de Santa Fe, que ya lleva más de tres meses jaqueado por el agua.

El algodón y la soja son dos cultivos claves en esta región. Por eso técnicos del INTA elaboraron un informe especial para explicar cuál es el efecto que tiene el anegamiento sobre los cultivos y que medidas se pueden tomar para intentar mitigar las pérdidas.

Gerardo Quintana, técnico del INTA Las Breñas (en Chaco), indicó que los productores deben estar atentos a los síntomas en las plantas que pueden dar cuenta del estrés por exceso hídrico, como es el amarillamiento de las hojas y una disminución o eliminación total de los nódulos formados en esta primera etapa.

José Tarragó, también del INTA Las Breñas, recordó que las condiciones de exceso hídrico producen en el algodón una disminución del crecimiento de la planta y un envejecimiento prematuro del cultivo que repercute en el rendimiento y también en la calidad de la fibra.

“Se puede observar una gran diferencia en el crecimiento de las plantas de zonas bajas con anegamientos temporarios superiores a los 7 días y plantas que crecieron en zonas altas sin anegamiento”, aseguró.

Es que, según los registros, en marzo se registraron 258 milímetros (mm) de lluvias en la región, 132 mm más que lo normal. Estas cifras sometieron a los cultivos de algodón y soja, que están en un estado avanzado, a otro período de anegamiento con pérdidas en las zonas bajas y un nuevo ciclo de estrés en la media loma y loma.

En este escenario hídrico, Tarragó aseguró que “si bien el impacto depende de la magnitud y la continuidad del evento climático, las pérdidas de rendimiento en algodón pueden ir entre el 10% y el 50 %, ya que este cultivo no resiste la falta de oxígeno en las raíces.

El técnico también aseguró que hay posibilidades de que los cultivos se recuperen y compensen, en función de la fecha de siembra, la fertilidad y el manejo adecuado. “Esto se observó en los lotes de la asociación cooperadora del INTA Las Breñas que sortearon los anegamientos producidos por las lluvias de diciembre, enero y marzo con un estado óptimo para cosecha el 15 de abril, antes de las precipitaciones del 20 de abril”, contó.

Es que, de acuerdo con Tarragó, el anegamiento y la falta de radiación solar son dos factores que condicionan la fijación de carbohidratos que sirven para sustentar los frutos, lo que genera un amarillamiento en las plantas que implica pérdidas de rendimiento.

“Para el caso de soja anegada, puede haber una reducción en el crecimiento de las plántulas con una posible merma en el rendimiento. El grado de impacto dependerá de la continuidad y duración del anegamiento o encharcamiento de los lotes, al igual que el algodón”, especificó Quintana.

También confirmó que las condiciones climáticas llevaron a que muchos lotes de soja no se hayan podido implantar o se hayan perdido en su totalidad la siembra realizada. Y subrayó que aunque el potencial de rendimiento de las siembras de soja ultra tardías va a caer por la reducción de crecimiento, una buena fertilidad y humedad pueden ayudar a lograr rendimientos adecuados en torno a los promedios en la región.

Las lluvias de marzo y abril han anegado lotes de soja en estadíos más avanzados y, en este sentido, Quintana reconoció que “los daños son mayores”, ya que se produce la pérdida de vainas y flores o, incluso, una defoliación que se traduce en una potencial importante pérdida de crecimiento.

Ambos especialistas del INTA coincidieron en destacar la importancia de los constantes monitoreos de plagas en los lotes y su control para evitar pérdidas de frutos y reducción de área foliar por efecto de las enfermedades y por orugas defoliadoras que incidirán negativamente en el período de llenado de los frutos.


Fuente: Clarín


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